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Byron Katie

Byron Katie

Byron Katie  era simplemente una madre y trabajaba como agente de bienes raíces en la década del 80. Su vida se fue sumergiendo de a poco en una depresión severa. En el año 1986, luego de pasar casi una década en donde debió luchar contra la depresión, el alcoholismo, pensamientos suicidas y desórdenes alimenticios, Katie ingresó por voluntad propia en una residencia de transición y centro de rehabilitación para mujeres.

Fue allí en donde Katie experimentó su despertar y se llenó de felicidad, claridad y calma que cambiaron su vida de allí en adelante. Ella dice que descubrió la causa de su sufrimiento y depresión constantes y que esta causa “no era el mundo que la rodeaba a ella sino las creencias que ella había tenido respecto del mundo”.

La revista Time la llama “una innovadora espiritual para el nuevo milenio”.

Primeros años de vida

Nació en el año 1942 en Texas, bajo el nombre de Byron Kathleen Reid. Fue criada en una pequeña ciudad del desierto de California, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Su madre, al cuidado de la casa y de su familia, y su padre, un trabajador ferroviario, vieron a Katie pasar de ser una pequeña niña tranquila y considerada a una adolescente agresiva y competitiva que buscaba ser la mejor en todo lo que hacía. Fue una estudiante hermosa, energética y divertida que tocaba el piano y cantaba en un coro regional.

A los 19 años se casó con Robert, su novio de la secundaria, y pronto tuvieron dos hijos varones y en último lugar una hija mujer. Robert y Katie crearon su propia compañía como socios igualitarios. Cuando su matrimonio, al igual que tantos otros, comenzó a tener dificultades, Katie, al ser tan perfeccionista y querer siempre lograr los mejores resultados, sufrió al pensar que ella no era suficiente. Comenzó a luchar por conseguir los símbolos comunes de la felicidad y la seguridad: el dinero, la belleza, el talento y el éxito.

Buscando más

Katie invirtió las ganancias comunes en bienes raíces y en la década del 70 ya era millonaria. Por fin había alcanzado su sueño del éxito: Katie hacía grandes negocios, criaba a su familia y disfrutaba de un alto nivel de vida. Pero todo esto no era suficiente; nada la complacía o la hacía sentir satisfecha. En su búsqueda cada vez más frustrada y a la larga inútil de la felicidad por medio del dinero y del poder, Katie había “maltratado, intimidado y molestado” a todo el que se le cruzaba, incluso a su marido y a sus hijos, para lograr lo que deseaba.

Pero en el medio de la lucha constante para tener todo y buscar más, su pasión se convirtió en desesperación. Su matrimonio con Robert se convirtió en una batalla de voluntades y su familia en una serie de disputas. Todos eran víctimas, en especial los hijos. “Si no se hacía lo que yo decía”, declaró Katie, “me iba de casa y me llevaba a los niños”.

En la oscuridad

La tercera vez que ella hizo esto, su marido comenzó a salir con otra mujer. Este fue un período de oscuridad para Katie y para sus niños, pero las semillas habían sido plantadas hacía mucho tiempo. Durante años, Katie había disfrazado la oscuridad y llenado el vacío con comida, alcohol, cigarrillos y el esfuerzo constante. Pero esta estrategia tuvo su precio: la desintegración progresiva de Katie dio paso a ataques de furia, abuso de alcohol y paranoia. En un determinado momento, llegó a comprar un arma, que guardaba cargada debajo de su cama. Llego al punto en el que hasta sus propios hijos le tenían miedo. Cuando su matrimonio llegó a su fin en 1976, Katie y los niños se encontraron en California sin un centavo.

Luego, en 1979, Katie se casó con Paul, un viejo amigo que le llevaba 15 años a ella. Katie y Paul comenzaron a comprar, reparar y vender casas viejas y muy pronto se hicieron bastante ricos; Katie no había perdido la magia. Una vez más, ella tenía dinero, amigos, una carrera exitosa y una familia que amaba. Pero el significado se había evaporado de su existencia. Se sentía morir por dentro.

La depresión se instala

Paul, un buen hombre, se había casado con Katie cuando ella estaba a punto de colapsar. Él había sido testigo de varias crisis nerviosas por parte de amigos suyos pero nunca había visto algo como lo que sucedió con su esposa: un descenso aterrador. Katie había podido conquistar el mundo, encantar a las personas, cerrar negocios y hacer dinero. Sin embargo, ahora tenía miedo de salir de su casa y pasaba semanas enteras sin bañarse, sin cambiarse la ropa y sin cepillarse los dientes.

Pasaba días enteros en la cama bebiendo, fumando, enfureciéndose, tomando calmantes y tomando helado de a kilos. Aumentó de peso hasta llegar a alrededor de 100kg. Su tormento y su furia no encontraban alivio: “nada me hacía sentir bien, nada me hacía feliz, nada me brindaba paz. Al final, yo era obesa y me moría de hambre… Sentía mucho dolor y las pastillas no hacían efecto. Estaba loca, era una mujer muerta que todavía respiraba”.

De la oscuridad a la luz

Katie pasó muchos años en cama, la ropa que no se cambiaba generalmente se le adhería al cuerpo y su pelo sucio de muchos días se apelmazaba en la almohada. A los 43 años, su esposo la llevó a una residencia de transición. Ella vivía en el altillo, dormía en el suelo; todo lo que quería era morir. Luego, una mañana Byron Katie amaneció renacida.

Llegó la mañana y Katie despertó, tirada en el suelo. Abrió los ojos y vio una cucaracha trepando por un pie humano. En ese momento, ella no supo qué pie era o qué era nada. Todo era un misterio.

No obstante, el ver el insecto, el pie, la pierna y la habitación la llenaron de placer y sobrecogimiento. Ella había renacido, miraba la vida con asombro. “Fue la cosa más maravillosa”, recuerda. “Miré el pie y la pierna y nunca vi algo tan hermoso y maravilloso. Lo mismo me sucedió con el piso, con la cucaracha y con la luz, ver todo por primera vez… y la revelación de todo fue tan increíble… una dicha total”.

El despertar

De la noche a la mañana, Katie había pasado de una desesperación suicida a una libertad extasiada. La mujer loca había desaparecido. En su lugar, sucedió un cambio hermoso, apareció una niña inocente.

Nadie, y Katie menos que menos, comprendió lo que había sucedido. Al principio, su hija Roxann creyó que su madre les estaba haciendo una broma. Sin embargo, vio que la persona que volvió a su casa era totalmente diferente. “Su cara había cambiado completamente”, declaró Roxann. “Sus ojos se habían aclarado. Ya no era la misma persona”.

La hija de Katie tenía miedo de que en cualquier momento volviera la loca que había conocido. Pero lo que le había sucedido a Katie no sólo persistió sino que se profundizó cada vez más. Su pasado había quedado atrás, ahora vivía en el presente eterno. Durante un tiempo, Roxann guió a su madre por todos lados tomándola de la mano, ya que Katie todavía se encontraba absorta en un estado de asombro, como una niña.

Katie abrazaba espontáneamente a la gente en la calle, fueran amigos, desconocidos o gente sin hogar, con igual placer. Sorpresivamente, mucha gente se lo permitía, tal vez porque sentían su amor y aceptación incondicionales.

Durante los 7 años posteriores a su despertar, Katie tuvo revelaciones internas y trató de expresarlas con palabras para poder compartirlas con los demás, pero ella había cruzado hacia un abismo de la conciencia y las palabras parecían incapaces de construir un puente para aquellos que no podían ver el otro lado.

Ella declaró lo siguiente, haciendo referencia a ese momento: “yo era salvaje con amor, estaba loca con amor”. Pero las palabras no podían transmitirlo. Tuvo que vivir su comprensión para poder sostenerlo.

El “Trabajo”

Como siempre sucede con los pensamientos, los de Katie regresaron, y con ellos aparecieron juicios, miedos y expectativas. Fue durante esos momentos que ella se sintió caer desde la libertad de su despertar hacia la mente del sufrimiento.

Pero cuando le sucedía esto, ella trataba de encontrar el camino de regreso a través de una vigilancia compasiva, examinando los pensamientos, creencias y suposiciones falsas que la separaban de los demás y la ponían en contra de la vida. Hacer este “Trabajo”, como ella lo denominó, le permitió regresar sin esfuerzo alguno al estado de conciencia inmaculada de su despertar original.

Kate dice: “descubrí que cuando creía en mis pensamientos sufría, pero cuando no creía en ellos no sufría. Asimismo, descubrí que esto es igual para todos los seres humanos. La libertad es tan simple como eso. Descubrí que sufrir es opcional. Encontré una alegría dentro mío que nunca me abandonó, ni por un solo momento”.

En los talleres de su programa tan famoso de toma de conciencia de uno mismo denominado “El Trabajo”, el método de Katie consta de realizar 4 preguntas cuya intención es ayudar a las personas a identificar pensamientos estresantes y analizarlos, para encontrar su propia verdad y para entender su propia situación. Las preguntas que se realizan respecto de un pensamiento son las siguientes:

1. ¿Es verdad?

2. ¿Puedes estar absolutamente seguro de que es verdad?

3. ¿Cómo reaccionas cuando crees en ese pensamiento?

4. ¿Quién serías sin el pensamiento?

El paso a seguir luego de estas 4 preguntas es denominado “inversiones”, en donde se experimentan varios opuestos del mismo pensamiento original. En esencia, esta es una manera de experimentar lo opuesto a lo que uno cree. De a un pensamiento por vez, uno transforma la manera en que uno experimenta la vida y, por medio de este proceso, Katie les brinda a las personas la herramienta para liberarse.

El enfoque de Katie ofrece una manera pragmática y simple de hacer que las personas asuman la responsabilidad de sus propios problemas. Katie dice: “es una forma de cortar con los rodeos. Pone la responsabilidad de vuelta sobre la persona que busca sus propias respuestas, no las respuestas del mundo”.

Por más de 20 años, Byron Katie ha viajado alrededor del mundo para enseñar “El Trabajo”, el producto de sus luchas pasadas, su extraordinario despertar y su entrega constante a la vida tal como se presenta, momento a momento. Ella enseña su método a las personas en eventos públicos, en cárceles, hospitales, iglesias, centros de rehabilitación, empresas, refugios para sobrevivientes de violencia doméstica, universidades y escuelas, en cursos intensivos de fines de semana y en su “Escuela para El Trabajo” en 9 días.

Katie dice: “simplemente sé que la gente quiere ser libre. Y si yo tengo algo que ellos creen que los puede ayudar, entonces lo entrego de la misma manera que lo recibí”.

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